Por hoy un te quiero basta.
Un te quiero me hace tuyo,
me pone en tus sueños
mientras yo escribo esta carta.
Un te quiero dice muchas cosas,
dice te necesito, no te vayas,
agárrame de la mano al caminar,
abrázame, hace frío.
Un te quiero hace sonreír a la gente,
da ilusión de seguir adelante,
llena de esperanza el camino
y el corazón de alegría.
Ahora, un te quiero, te quiero mucho,
es otra cosa,
está a un beso de distancia
de ser el amor verdadero.
Se levantó temprano. Se vistió pantalón y camisa. De la pared descolgó su sombrero y salió de la casa. Al cruzar el patio, de reojo contempló el sol que nacía sobre el sembradío de maíz. Llegó a la bodega, tomó la hoz y regresó.
Primero fue al cuarto de su hermano, luego al de su hermana y los dos sobrinos, al final al de su madre. Una vez terminado se sentó en un costal a limpiar la sangre de la cuchilla. Se sintió tranquilo, la muerte podría guardar por siempre a la familia, ahora sólo bastaba esperar que aquella enfermedad terminara con él.
A media noche la despertó el tamborileo de unos dedos en la ventana. Temerosa se levantó, camino descalza y corrió la cortina. Afuera estaba él, flotando, viéndola fijamente con el rostro desencajado. Traspasando el cristal que los separaba la tomó por la espalda en gélido abrazo.
- Pude haberte asesinado y después suicidarme, pero decidí invertir el sistema – le dijo al oído.
La mañana de mayo velada por la neblina en que había ocurrido aquello le resultaba tan irreal como el día de su nacimiento, ese echo acaso más cierto que ninguno, pero que sólo atinamos a recordar como una increíble idea. Cuando descubrió, de improviso, el dominio secreto e impresionante que el otro ejercía sobre ella, se decidió a hacerlo. Se dije que quizá iba obrar en nombre de ella, para librarla de una seducción inútil y envilecedora. Sin embargo, pensaba en sí mismo, seguía un camino iniciado mucho antes. Y aquella mañana, al salir de esa casa, después que todo hubo ocurrido, vio que el viento había expulsado la neblina, y, al levantar la vista ante la claridad enceguecedora, observó en. el cielo una nube negra que parecía una enorme araña huyendo por un campo de nieve. Pero lo que nunca olvidaría era que a partir de ese momento el gato del otro, ese gato del que su dueño se había jactado de que jamás lo abandonaría, empezó a seguirlo, con cierta indiferencia, con paciencia casi ante sus intentos iniciales por ahuyentarlo, hasta que se convirtió en su sombra.
Encontró es pensionsucha, no demasiado sucia ni incómoda, pues se preocupaba por ello. El gato era grande y musculoso, de pelaje gris, en partes de un blanco sucio. Causaba la sensación de un dios viejo y degradado, pero que no ha perdido toda la fuerza para hacer daño a los hombres; no les gustó, lo miraron con repugnancia y temor, y, con la autorización de su accidental amo, lo echaron. Al día siguiente, cuando regresó a su habitación, encontró al gato instalado allí; sentado en el sillón, levantó apenas la cabeza, lo miró y siguió dormitando. Lo echaron por segunda vez, y volvió a meterse en la casa, en la pieza, sin que nadie supiera cómo. Así ganó la partida, porque desde entonces la dueña de la pensión y sus acólitos renunciaron a la lucha.
Watchmen («Vigilantes» en español) es un cómic escrito por Alan Moore y dibujado por Dave Gibbons, ambos de nacionalidad británica. Fue publicado por primera vez por DC Comics durante los años 1986 y 1987 como una serie limitada de 12 números.
Se convirtió en 1988 en la primera novela gráfica en conseguir un Premio Hugo, galardón otorgado a escritores de los géneros de ciencia ficción y fantasía.Además, es la única obra de su género que aparece en la lista elaborada en el año 2005 por la revista Time 100 best novels. 1923 to the present, que incluye una selección de cien novelas en lengua inglesa publicadas desde el año 1923.
Próximamente se estrenará una adaptación de este comic hecha por Paramount y dirigida por Paul Greengrass (The Bourne Supremacy).
Sin más, aquí los primeros 6 números de esta gran obra del séptimo arte. Que los disfruten
Presento una pieza perteneciente al Sound Track de una de mis películas preferidas “Underground” (conocida también bajo el títuloÉrase una vez un país) de Emir Kusturica, filme que recomiendo apliamente por su ironía, música y gran guión. Espero que disfruten el video
Vamos a guardar nuestro amor
en esta cajita,
caja carta, caja letra.
Lugar construido con ramas del parque
y forrado con la sábana celosa
que se negó a recibir algo mas que nuestros cuerpos.
Guardemos todo en esta cajita:
las vidas pasadas, los pétalos rojos,
el agua que nos bañó y aquel anillo azul.
Sellémosla.
Para que no se escurra el amor,
agua fresca y viva,
atémosla fuerte con el aliento que nos une
y pongámosle candado egoísta
que le niegue el paso a toda mirada ajena.
Esta cajita la conservaremos los dos,
tú la colgarás del cielo como estrella
para guiar tus pasos de regreso,
yo abriré mi pecho,
la recargaré en la costilla faltante
para poder seguir viviendo.
Y cuando sientas que es prudente
o mejor dicho necesario,
regresa para que abramos la cajita
y sigamos llenándola de cosas bellas
que podamos seguir atesorando.
Érase un zapallo creciendo solitario en ricas tierras del Chaco. Favorecido por una zona excepcional que le daba de todo, criado con libertad y sin remedios fue desarrollándose con el agua natural y la luz solar en condiciones óptimas, como una verdadera esperanza de la Vida. Su historia íntima nos cuenta que iba alimentándose a expensas de las plantas más débiles de su contorno, darwinianamente; siento tener que decirlo, haciéndolo antipático. Pero la historia externa es la que nos interesa, ésa que sólo podrían relatar los azorados habitantes del Chaco que iban a verse envueltos en la pulpa zapallar, absorbidos por sus poderosas raíces.
La primera noticia que se tuvo de su existencia fue la de los sonoros crujidos del simple natural crecimiento. Los primeros colonos que lo vieron habrían de espantarse, pues ya entonces pesaría varias toneladas y aumentaba de volumen instante a instante. Ya medía una legua de diámetro cuando llegaron los primeros hacheros mandados por las autoridades para seccionarle el tronco, ya de doscientos metros de circunferencia; los obreros desistían más que por la fatiga de la labor por los ruidos espeluznantes de ciertos movimientos de equilibración, impuestos por la inestabilidad de su volumen que crecía por saltos.
Cundía el pavor. Es imposible ahora aproximársele, porque se hace el vacío en su entorno, mientras las raíces imposibles de cortar siguen creciendo. En la desesperación de vérselo venir encima, se piensa en sujetarlo con cables. En vano. Comienza a divisarse desde Montevideo, desde donde se divisa pronto lo irregular nuestro, como nosotros desde aquí observamos lo inestable de Europa. Ya se apresta a saberse el Río de la Plata.
Como no hay tiempo de reunir una conferencia panamericana -Ginebra y las cancillerías europeas están advertidas-, cada uno discurre y propone lo eficaz. ¿Lucha, conciliación, suscitación de un sentimiento piadoso en el Zapallo, súplica, armisticio? Se piensa en hacer crecer otro zapallo en el Japón, mimándolo para apresurar al máximo su prosperación, hasta que se encuentren y se entredestruyan, sin que, empero, ninguno sobrezapalle al otro. ¿Y el ejército?
Opiniones de los científicos; qué pensaron los niños, encantados seguramente; emociones de las señoras; indignación de un procurador, entusiasmo de un agrimensor y de un toma-medidas de sastrería; indumentaria para el Zapallo; una cocinera que se le planta delante y lo examina, retirándose una legua por día; un serrucho que siente su nada. ¿Y Einstein?; frente a la facultad de medicina alguien que insinúa: ¿purgarlo? Todas estas primeras chanzas habían cesado. Llegaba demasiado urgente el momento en que lo que más convenía era mudarse adentro. Bastante ridículo y humillante es el meterse en él con precipitación, aunque se olvide el reloj o el sombrero en alguna parte y apagando previamente el cigarrillo, porque ya no va quedando mundo fuera del zapallo. Leer el resto de esta entrada »
Siguiendo con la publicación de este gran comic de Alan Moore. Coloco el segundo volumen de The league of extraordinary gentlemen, donde (adelanto sólo un poco) la liga extraordinaria le hace frente a una invasión extraterrestre (descrita en “La guerra de los mundos” de H.G. Wells)
Hay amoríos, lazos que se estrechan, traiciones dentro de la propia liga, incluso, un encuentro con Eddy Prendrick (Protagonista de “La Isla del Dr. Moreau“ de H.G. Wells)
Puedes bajar el segundo volumen en los siguientes links:
Dude en colocar esta publicación, pensé (tal vez todavía pienso) que no va con el tono del blog, sin embargo, no puedo más que hacerlo.No me interesa colgarme del tema, ni mucho menos hacer ruidos políticos (soy una persona totalmente apartidista) Lo que pretendo es generar conciencia social.
Hoy en la mañana, leyendo el periódico me encuentro con la noticia de que la hija de Nelson Vargas, expresidente de la CONADE, lleva 11 meses secuestradas y que apenas, por razones de seguridad, la familia ha decidido dar a conocer el caso. Este hecho, sumado al reciente secuestro y asesinato de Fernando Martí, hijo de 14 años del dueño de las tiendas deportivas “Martí” me deja profundo coraje, coraje hacia las autoridades (políticas y policíacas) de mi país y contra nosotros mismos que hemos permitido esto, observando desde la barandilla sin atrevernos a levantar la voz.
Muchos de los aquí lectores son amigos, hijos, parejas o padres de seres amados, a la vez son personas que lucha y trabajan (en sus diferentes áreas) por lograr una buena posición económica, por lo cual, entenderán a la perfección mi desagrado ante el hecho.
Algo tenemos que hacer. En el momento en que escribo estas líneas aún no lo se, pero dejo esta bolita de nieve para generar movimiento sobre el tema. Por lo mientras, quede aclarado mi punto, yo, Alberto Paz, estoy en total inconformidad por la violencia e impunidad en la que vive mi país. Hagamos algo, lo que sea.
La distancia de la luna (Uno de los mejores cuentos, de uno de los mejores libro que he leído)
Italo Calvino
Hubo un tiempo, según Sir George H Darwin, en que la Luna estaba muy cerca de la Tierra. Las mareas fueron poco a poco empujándola lejos, esas mareas que ella, la Luna, provoca en las aguas terrestres y en las cuales la Tierra pierde lentamente energía.
¡Claro que lo sé -exclamó el viejo Qfwfq-, ustedes no pueden acordarse, pero yo sí. La teníamos siempre encima, a la Luna, desmesurada; en plenilunio -noches claras como de día, pero con una luz color manteca- parecía que iba a aplastarnos; en novilunio rodaba por el cielo como un paraguas negro llevado por el viento, y en cuarto creciente se acercaba con los cuernos tan bajos que parecía a punto de ensartar la cresta de un promontorio y quedarse allí anclada. Pero todo el mecanismo de las fases marchaba de una manera diferente de la de hoy, porque las distancias del Sol eran distintas, y las órbitas, y la inclinación de no recuerdo qué; además, eclipses, con Tierra y Luna tan pegadas, los había a cada rato, imagínense si esas dos bestias no iban a encontrar manera de hacerse continuamente sombra una a la otra.
¿La órbita? Elíptica, naturalmente, elíptica; por momentos se nos echaba encima, por momentos remontaba vuelo. Las mareas, cuando la Luna estaba más baja, subían que no había quien las sujetara. Eran noches de plenilunio bajo bajo y de marea alta alta y si la Luna no se mojaba en el mar era por un pelo, digamos, por pocos metros. ¿Si nunca habíamos tratado de subirnos? ¡Cómo no! Bastaba llegar justo debajo con la barca, apoyar una escalera y arriba.
El punto donde la Luna pasaba más bajo estaba en mar abierto, en los Escollos de Zinc. Ibamos en esas barquitas de remos que se usaban entonces, redondas y chatas, de corcho. Éramos varios: yo, el capitán Vhd Vhd, su mujer, mi primo el sordo y a veces la pequeña Xlthlx, que entonces tendría doce años. El agua estaba aquellas noches tranquilísima, plateada que parecía mercurio, y los peces, adentro, violetas, que no podían resistir a la atracción de la Luna y salían todos a la superficie, y también pulpos y medusas de color azafrán. Había siempre un vuelo de animalitos menudos -pequeños cangrejos, calamares y también algas livianas y diáfanas y plantitas de coral- que se despegaban del mar y termnaban en la Luna, colgando de aquel techo calcáreo, o se quedaban allí en mitad del aire, en un enjambre fosforescente que ahuyentábamos agitando hojas de banano.
Nuestro trabajo era así: en la barca llevábamos una escalera; uno la sostenía, otro subía y otro le daba a los remos hasta llegar debajo de la Luna; por eso teníamos que ser tantos (sólo he nombrado a los principales). El que estaba en la cima de la escalera, cuando la barca se acercaba a la Luna gritaba espantado: “¡Alto! ¡Alto! ¡Me voy a pegar un cabezazo!” Era la impresión que daba viéndola encima tan inmensa, tan erizada de espinas filosas y bordes mellados y dentados. Ahora quizá sea distinto, pero entonces la Luna, o mejor dicho el fondo, el vientre de la Luna, en fin, la parte que pasaba más arrimada a la Tierra hasta casi rozarla, estaba cubierta de una costra de escamas puntiagudas. Al vientre de un pez se parecía y también el olor, por lo que recuerdo, era si no exactamente de pescado, apenas más leve, como de salmón ahumado.
En realidad, desde lo alto de la escalera se llegaba justo a tocarla extendiendo los brazos, de pie, en equilibrio sobre el último peldaño. Habíamos tomado bien las medidas (todavía no sospechábamos que se estaba alejando); en lo único que había que fijarse bien era en la forma de poner las manos. Yo elegía una escama que pareciera sólida (nos tocaba subir a todos, por turno, en tandas de cinco o seis), me agarraba con una mano, después con la otra e inmediatamente sentía que escalera y barca se me escapaban y el movimiento de la Luna me arrancaba a la atracción terrestre. Sí, la Luna tenía una fuerza que te arrastraba, lo sentías en aquel momento de paso entre una y otra; había que incorporarse de repente, con una especie de cabriola, aferrarse a las escamas, alzar las piernas para encontrarse de pie en el fondo lunar. Visto desde la Tierra parecías colgado cabeza abajo, pero para ti era la misma posición de siempre, y lo único extraño era, al alzar los ojos, verte encima la capa del mar luciente con la barca y los amigos patas arriba, balanceándose como un racimo de sarmiento.
En aquellos saltos el que desplegaba un gran talento era mi primo el sordo. Sus toscas manos, apenas tocaban la superficie lunar (era siempre el primero que saltaba la escalera), se volvían de pronto suaves y seguras. Encontraban en seguida el punto a que debían agarrarse para izarse, y parecía que le bastaba la presión de las palmas para adherirse a la corteza del satélite. Una vez tuve realmente la impresión de que la Luna se le acercaba cuando él le tendía las manos.
Igualmente hábil era en el descenso a Tierra, operación más difícil todavía. Para nosotros consistía en un salto en alto, lo más alto posible, con los brazos levantados (visto desde la Luna, porque visto desde la Tierra en cambio se parecía más a una zambullida, o a nadar en profundidad, con los brazos colgando), en fin, igual al salto desde la Tierra, sólo que ahora faltaba la escalera porque en la Luna no había nada donde apoyarla. Pero mi primo, en vez de echarse con los brazos adelante, se inclinaba sobre la superficie lunar con la cabeza hacia abajo como para una cabriola, y se ponía a dar saltos haciendo fuerza con las manos. Desde la barca lo veíamos de pie en el aire como si sostuviera la enorme pelota de la Luna y la hiciera rebotar golpeándola con las manos, hasta que sus piernas quedaban a nuestro alcance y conseguíamos atraparlo por los tobillos y bajarlo a bordo. Leer el resto de esta entrada »
Sentado en el muelle, viéndola a los ojos como solo los enamorados saben hacerlo, abrió su pico para que ella sacara del interior un pequeño estuche.
- Sí, acepto – Dijo la anciana al ver el anillo de perla mientras el otro aleteaba emocionado.
Pensativo volaba de techo en techo. ¿Qué faltó? ¿Cuándo perdí el balance del sistema? Los niños que jugaban alrededor de la fuente lo señalaban desde abajo, uno de ellos intentó asestarle una pedrada con su resortera. Es obvio que el error fue en la reconstrucción. La compresión y descompresión del cuerpo actuaron con normalidad. Al acercarse tímidamente al puesto de pescados la regordeta dueña le dio tremenda corretiza con escoba en mano. Conté los objetos tres veces para estar seguro, el orden era idéntico como lo detallaba el libro de Paracelso; todo se hallaba dentro del círculo de transmutación. Cansado de ir y venir y no encontrar respuestas se sentó en el muelle junto a una anciana absorta en la contemplación del mar. ¿Qué pasó? ¿En qué diablos fallé para convertirme en pelícano y no en un ángel?
The League of Extraordinary Gentlemen, conocida en América latina como La Liga Extraordinaria, es una serie de cómics creada por Alan Moore e ilustrada por Kevin O´Neill. El guionista británico reune varios personajes de la literatura clásica ambientados en la Era Victoriana en una trama de misterio y aventuras. Tuvo una adaptación al cine, The League of Extraordinary Gentlemen en cuyo elenco sobresale el aclamado actor Sea Connery.
En esta publicación comparto la primera parte del comic, donde Wihellmina Murray, prometida de Jonathan Harker es la encargada de reunir a un grupo de “héroes” para defender la corona británica de sus enemigos extranjeros.
El grupo se compone de Wilhellmina Murray (”Drácula” de Bram Stoker), Allan Quatermain (”Las minas del rey Salomón” de Rider Haggard) el Capitán Nemo (”Veinte mil leguas de viaje submarino” de Julio Verne), el Dr. Jekyll y Mr. Hyde (”El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” de Robert L. Stevenson) y el hombre invisible (”El hombre invisible” H.G. Wells)
Juntos hacen frente a villanos tan conocidos como el chino Fu Manchú (personaje creado para novelas policiacas de Sax Rohmer) y el Profesor Moriarty (”Sherlock Holmes” de Arthur Conan Doyle) en un intento para proteger Londres y el mundo entero de sus planes de destrucción y conquista.
Puedes bajar el primer volumen (5 publicaciones) AQUI
Hay tres mil anos-luz hasta el Vaticano. En otro tiempo creí que el espacio no tendría poder sobre la fe, tal como creí que los cielos proclamaban la gloria de la obra divina. Ahora que he visto una parte de esta obra, mi fe se siente gravemente turbada.
Contemplo el crucifijo que cuelga en mi camarote, sobre el ordenador Tipo VI y, por primera vez en toda mi vida, me pregunto si no será nada más que un símbolo vacío.
No se lo he contado aún a nadie, pero la verdad no puede ocultarse. Los datos están aquí para que cualquiera pueda leerlos, grabados en los incontables kilómetros de cinta magnética y en los millares de fotografías que traemos de regreso a la Tierra. Otros científicos podrán interpretarlos tan fácilmente como yo. Posiblemente con mayor facilidad. Yo no soy de esos que están de acuerdo con los manejos de la Verdad que a menudo le dieron a mi Orden un mal renombre en los viejos tiempos.
La tripulación está ya bastante deprimida, y me pregunto cómo se tomarán esta definitiva ironía. Pocos de ellos tienen algo de fe religiosa y sin embargo, no creo que sientan placer en utilizar esta última arma en su campaña contra mí…, esa guerra privada, bienintencionada pero fundamentalmente seria, que ha durado todo el camino desde la Tierra. Les divertía tener a un jesuita como astrofísico jefe. Por ejemplo, el doctor Chandler nunca pudo sobreponerse a ello (¿por qué los médicos siempre serán unos ateos tan notorios?). A veces se encontraba conmigo en la cubierta de observación, donde las luces siempre brillan mortecinas para que las estrellas puedan arder con esplendor no disminuido. Se acercaba a mí en la oscuridad y se quedaba mirando por la gran ventana de observación ovalada, mientras los cielos pasaban lentamente a nuestro alrededor al compás de la nave sobre sí misma debido a aquel impulso residual que nunca nos preocupamos de corregir.
-Aquí lo tiene, padre -me decía al fin-; se extiende por siempre jamás, y quizá Algo lo hizo. Pero el que usted pueda creer que ese Algo tiene un especial interés en nosotros y en nuestro miserable pequeño mundo es lo que me desconcierta.
Y entonces se iniciaba la discusión mientras las estrellas y las nebulosas giraban alrededor nuestro en silencio e interminables arcos más allá del impolutamente transparente plástico de la ventana de observación.
Era, creo, la aparente incongruencia de mi posición lo que divertía…, sí, divertía, a la tripulación. En vano les mostraba mis tres informes en el Astrophysical Journal, o los cinco en el Monthly Notices of the Royal Astronomical Society. Les recordaba que nuestra Orden ha sido famosa desde hace mucho por sus trabajos científicos. Quizá seamos pocos ahora, pero siempre, desde el siglo XVlll, hemos estado haciendo contribuciones a la astronomía y a la geofísica, desproporcionadas con nuestro número.
¿Mi informe sobre la Nebulosa del Fénix terminará con nuestro millar de años de historia? Me temo que terminará con mucho más que eso.
No sé quién dio su nombre a la nebulosa, que me parece muy poco apropiado. Si contiene una profecía, ésta no podrá ser verificada hasta que pasen varios mil millones de años. Hasta la palabra nebulosa conduce a engaño: es un objeto mucho más pequeño que esas maravillosas nubes de niebla, formadas por la materia de las estrellas aún no nacidas, que están desperdigadas a lo largo de la Vía Láctea. Lo cierto es que, a una escala cósmica, la nebulosa del Fénix es una cosa pequeña: una tenue capa de gases rodeando una única estrella.
El grabado de Loyola hecho por Rubens parece burlarse de mí desde su lugar, sobre los gráficos de los espectrómetros. ¿Qué harías tú, Padre, de este conocimiento que ha llegado a mí, tan lejos del pequeño mundo que era el universo que tú conocías? ¿Habría superado tu fe este reto, cosa que yo no he logrado? Leer el resto de esta entrada »
La Dirección de Literatura de la UNAM abre el lunes 4 de agosto de 2008 el proceso de selección de las 12 novelas que participarán en el Segundo Virtuality Literario Caza de Letras. El registro de novelas aspirantes permanecerá abierto hasta el próximo 19 de agosto. La relación de finalistas en esta etapa de la selección se publicará en los primeros días del mes de septiembre.
La Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM
a través de la Dirección de Literatura convoca al
Caza de Letras es un Concurso-Taller en línea para novela breve inédita que será trabajada con tres editores, quienes también se desempeñarán como jurado, durante 8 semanas
BASES:
Primera etapa. Registro Del lunes 4 de agosto al martes 19 de agosto 2008
Podrán participar escritores en lengua española, mexicanos y extranjeros, de hasta 40 años, radicados actualmente en la República Mexicana, con una novela breve inédita.
Los participantes del Primer Virtuality Literario Caza de Letras podrán concursar nuevamente siempre y cuando utilicen seudónimo y ex libris diferentes.
No podrán participar escritores que tengan parentesco directo con los organizadores, ni aquellos que actualmente laboren en la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM o alguna de sus dependencias, ni en la Editorial Alfaguara.
El registro de las novelas quedará abierto del lunes 4 de agosto al martes 19 de agosto de 2008 en la página www.cazadeletras.unam.mx
Los autores deberán llenar una ficha de registro con los datos siguientes:
Seudónimo
Nombre
Nacionalidad
Número de documento de identidad (pasaporte o credencial de elector, sólo en el caso de mexicanos)
Forma migratoria (sólo en el caso de extranjeros residentes en México)
Dirección
Teléfono(s)
Correo electrónico
El registro también incluirá la información siguiente:
Una breve semblanza curricular.
Sinopsis de la novela en un máximo de 5,000 caracteres con espacios.
La versión inédita de la novela con un máximo de 150 cuartillas mecanográficas (270, 000 caracteres con espacios) con tipografía courier de 12 puntos, a espacio y medio, y en formato pdf (Acrobat reader).
El número de registro de la novela ante el Indautor.
Una frase que te defina como escritor.
Nota: las novelas participantes no podrán, bajo ninguna circunstancia, estar inscritas en ningún otro concurso ni en proceso de dictamen editorial.
Segunda etapa. Selección Del miércoles 20 de agosto al miércoles 17 de septiembre 2008
Un comité dictaminador elegirá a los 12 participantes que considere con mayores posibilidades para desarrollar la novela durante las 8 semanas que dure el certamen.
La Dirección de Literatura dará a conocer oportunamente los seudónimos de los participantes, los nombres de las novelas y de los miembros del jurado.
Antes del inicio del concurso, los autores seleccionados deberán entregar o enviar por mensajería a la Dirección de Literatura de la UNAM copia del registro de la novela en el Indautor, una carta en la que el participante manifieste que su novela no está inscrita en otro certamen literario o en proceso de dictamen editorial, así como copia del documento de identidad que haya utilizado para el registro o de lo contrario quedará automáticamente descalificado.
Tercera etapa. Desarrollo Del miércoles 1 de octubre al miércoles 26 de noviembre 2008
Los escritores seleccionados recibirán una cuenta de blog ligada al portal www.cazadeletras.unam.mx, en la cual se identificarán únicamente con seudónimo y ex libris.
Cada concursante trabajará a través del Blog Taller con los miembros del jurado.
Durante las 8 semanas del concurso, los participantes deberán publicar las entregas de su novela solicitadas por el jurado en su respectivo blog.
Además de las entregas de la novela, cada participante publicará en su blog personal las tareas, ejercicios, correcciones y modificaciones que el jurado solicite.
Cada participante deberá responder en línea, oportuna y públicamente, las dudas y comentarios tanto de los miembros del jurado como de los lectores de sus capítulos o fragmentos, sin estar obligados a dar respuesta a ofensas e invectivas.
Con base en el desempeño de los participantes, el jurado nominará periódicamente a varios para salir del concurso. Estos se someterán a la votación del jurado y del público para ser eliminados o permanecer en el concurso.
Las expulsiones se decidirán según los votos del jurado y del público, de manera que lleguen a la final al menos tres participantes, de los cuales se premiará a uno.
El jurado estará compuesto por tres escritores de trayectoria reconocida cuyos nombres se darán a conocer oportunamente en www.cazadeletras.unam.mx
El jurado tendrá la facultad inapelable de nominar para expulsión a quien considere pertinente. El seudónimo de cada uno de los participantes eliminados de Caza de Letras, asícomo los de los participantes nominados para la siguiente expulsión, se darán a conocer periódicamente.
El fallo del jurado será inapelable.
El ganador recibirá un premio único de $ 100,000.00 (CIEN MIL PESOS 00/100 M.N.), así como la publicación de su novela en coedición de la Dirección de Literatura y la Editorial Alfaguara.
Cualquier punto no contemplado en la presente convocatoria será resuelto por el jurado y los organizadores.
“POR MI RAZA HABLARá EL ESPíRITU”
Ciudad Universitaria, a 16 junio de 2008
Cuando dejé aquel mar, una ola se adelanto entre todas. Era esbelta y ligera. A pesar de los gritos de las otras, que la detenían por el vestido flotante, se colgó de mi brazo y se fue conmigo saltando. No quise decirle nada, porque me daba pena avergonzarla ante sus compañeras. Además, las miradas coléricas de las mayores me paralizaron.
Cuando llegamos al pueblo, le expliqué que no podía ser, que la vida en la ciudad no era lo que ella pensaba en su ingenuidad de ola que nunca ha salido del mar. Me miro seria: “Su decisión estaba tomada. No podía volver.” Intente dulzura, dureza, ironía. Ella lloro, grito, acaricio, amenazo. Tuve que pedirle perdón. Al día siguiente empezaron mis penas. ¿Cómo subir al tren sin que nos vieran el conductor, los pasajeros, la policía? Es cierto que los reglamentos no dicen nada respecto al transporte de olas en los ferrocarriles, pero esa misma reserva era un indicio de la severidad con que se juzgaría nuestro acto.
Tras de mucho cavilar me presente en la estación una hora antes de la salida, ocupé mi asiento y, cuando nadie me veía, vacié el depósito de agua para los pasajeros; luego, cuidadosamente, vertí en él a mi amiga.
El primer incidente surgió cuando los niños de un matrimonio vecino declararon su ruidosa sed. Les salí al paso y les prometí refrescos y limonadas. Estaban a punto de aceptar cuando se acerco otra sedienta. Quise invitarla también, pero la mirada de su acompañante me detuvo. La señora tomo un vasito de papel, se acerco al depósito y abrió la llave. Apenas estaba a medio llenar el vaso cuando me interpuse de un salto entre ella y mi amiga. La señora me miro con asombro. Mientras pedía disculpas, uno de los niños volvió abrir el depósito. Lo cerré con violencia. Leer el resto de esta entrada »
Cortometraje del cineasta vasco Borja Cobeaga, donde Begoña, una anciana virgen, al ver cercana la muerte busca satisfacer con con un prostituto su curiosidad sobre el sexo.
Premios destacados: Nominación Goya Mejor Corto, Premio Jurado Fest. Int. de Gijón, 1er Premio Fest. Cine Español de Carabanchel
Publico 3 muestras de este genial artista del graffiti ingles. Sin duda alguna, imágenes con una gran historia por contar. No pueden dejar de visitar su sitio en www.banksy.co.uk
A través de la página de Alberto Chimal, escritor mexicano, me enteré de este interesante proyecto. El escritor y editor argentino Sergio Gaut vel Hartman ha creado el sitio quimicamenteimpuro.blogspot.com dónde día a día publica un promedio de 25 minificciones en español (texto entre 40 y 130 palabras incluyendo título y nombre del autor) que le son enviadas por diferentes lectores. La participación está abierta a todo escritor y no tiene fecha límite de cierre. Asómense a este espacio y descubran una gran, gran, gran variedad de cuentos cortos, minificciones, brevísimos, ultra cortos o como se les quiera llamar.
Siempre quise a Paulina. En uno de mis primeros recuerdos, Paulina y yo estamos ocultos en una oscura glorieta de laureles, en un jardín con dos leones de piedra. Paulina me dijo: Me gusta el azul, me gustan las uvas, me gusta el hielo, me gustan las rosas, me gustan los caballos blancos. Yo comprendí que mi felicidad había empezado, porque en esas preferencias podía identificarme con Paulina. Nos parecimos tan milagrosamente que en un libro sobre la final reunión de las almas en el alma del mundo, mi amiga escribió en el margen: Las nuestras ya se reunieron. “Nuestras” en aquel tiempo, significaba la de ella y la mía.
Para explicarme ese parecido argumenté que yo era un apresurado y remoto borrador de Paulina. Recuerdo que anoté en mi cuaderno: Todo poema es un borrador de la Poesía y en cada cosa hay una prefiguración de Dios. Pensé también: En lo que me parezca a Paulina estoy a salvo. Veía (y aún hoy veo) la identificación con Paulina como la mejor posibilidad de mi ser, como el refugio en donde me libraría de mis defectos naturales, de la torpeza, de la negligencia, de la vanidad.
La vida fue una dulce costumbre que nos llevó a esperar, como algo natural y cierto, nuestro futuro matrimonio. Los padres de Paulina, insensibles al prestigio literario prematuramente alcanzado, y perdido, por mí, prometieron dar el consentimiento cuando me doctorara. Muchas veces nosotros imaginábamos un ordenado porvenir, con tiempo suficiente para trabajar, para viajar y para querernos. Lo imaginábamos con tanta vividez que nos persuadíamos de que ya vivíamos juntos.
Hablar de nuestro casamiento no nos inducía a tratarnos como novios. Toda la infancia la pasamos juntos y seguía habiendo entre nosotros una pudorosa amistad de niños. No me atrevía a encarnar el papel de enamorado y a decirle, en tono solemne: Te quiero. Sin embargo, cómo la quería, con qué amor atónito y escrupuloso yo miraba su resplandeciente perfección .
Angustiados corrían los hermanos a través del cerro. Uno de ellos, el más joven y fuerte, cargaba a la abuela en una vieja silla de mimbre atada a su espalda, el otro, quien guiaba el camino, buscaba entre los árboles el sitio que coincidiera con la señal marcada en el mapa (+*+)
Por fin, bajando una vereda junto a la cascada hallaron el lugar. Se acercaron al enorme maguey flanqueado por dos cruces de madera. El hermano mayor apresurado abrió la penca y rascó en su interior con una cuchara hasta sacar gotas de un líquido lechoso. Abriendo con fuerza la mandíbula rígida de la anciana vertieron dicho brebaje; en unos minutos la abuela volvió a ser aquella muchachilla quien regañaba a ese par de grandulones.
*** Texto realizado para el concurso mensual “¿Cuál es la historia?” publicado en el blog deAlberto Chimal, escritor mexicano
Presento un cortometraje clásico, antiguo (1993) del “Nuevo Cine Mexicano”
El Héroe de Luis Carlos Carrera nos narra con un acento muy filosófico, social y psicológico, la soledad, deshumanización y frustración del hombre contemporáneo.
Ha recibido premios como:
– Palma de Oro en el Festival Internacional del Film Cannes, Francia 1994.
- Ariel otorgado en 1994 al mejor cortometraje de animación.
- Mención Especial de la Revista Dicine en la LX Muestra de Cine Mexicano, Guadalajara, México 1994.
- Premio Pitirre en el Festival San Juan Cinemafest, Puerto Rico 1994.
- Primer premio mejor animación en el Festival de La Habana, Cuba, 1994.
Sin duda un cortometraje con un buen guión y una mejor dirección de arte. Que lo disfruten
Suena interesante el “homenaje” que ha rendido el escritor uruguayo Federico Fernández a Edgar Alan Poe, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares en su novela “El Libro de Nobac”, ganadora del Premio Internacional de Ciencia Ficción y Literatura Fantástica de la editorial Minotauro. Interesante pues es un gran, gran reto escribir una historia comparándose de manera indirecta (tal vez no) con aquellos grandes maestros de la literatura fantástica (a mi gusto, Adolfo Bioy Casares uno de los más sobresalientes escritores en este género)
Fernández Giordano. según rueda de prensa por él organizada, ha abordado la literatura fantástica con “los clichés propios” del género pero aderezándola con claves de novela negra para plantear un conflicto entre el determinismo y el libre albedrío, de igual manera ha sido fiel a sus maestros y le ha puesto el nombre de Edgar al protagonista de la novela como un homenaje a Poe y ha bebido de las fuentes de “El libro de la arena” de Borges y de la narrativa de Bioy Casares.
Aún tengo cierta reserva a este libro, no por dudar de la calidad del mismo, sino por la manera en que se está vendiendo a si mismo, como el hijo-homenaje (miedo a que sea copia) de estos tres grandes escritores. En fin, hay que buscarlo en la librería y darle toda la oportunidad que un escritor joven se merece. Esperemos próximamente tener una reseña de este texto.
Abdera, la ciudad tracia del Egeo, que actualmente es Balastra y que no debe ser confundida con su tocaya bética, era célebre por sus caballos.
Descollar en Tracia por sus caballos, no era poco; y ella descollaba hasta ser única. Los habitantes todos tenían a gala la educación de tan noble animal, y esta pasión cultivada a porfía durante largos años, hasta formar parte de las tradiciones fundamentales, había producido efectos maravillosos. Los caballos de Abdera gozaban de fama excepcional, y todas las poblaciones tracias, desde los cicones hasta los bisaltos, eran tributarios en esto de los bistones, pobladores de la mencionada ciudad. Debe añadirse que semejante industria, uniendo el provecho a la satisfacción, ocupaba desde el rey hasta el último ciudadano.
Estas circunstancias habían contribuido también a intimar las relaciones entre el bruto y sus dueños, mucho más de lo que era y es habitual para el resto de las naciones; llegando a considerarse las caballerizas como un ensanche del hogar, y extremándose las naturales exageraciones de toda pasión, hasta admitir caballos en la mesa. Eran verdaderamente notables corceles, pero bestias al fin. Otros dormían en cobertores de biso; algunos pesebres tenían frescos sencillos, pues no pocos veterinarios sostenían el gusto artístico de la raza caballar, y el cementerio equino ostentaba entre pompas burguesas, ciertamente recargadas, dos o tres obras maestras. El templo más hermoso de la ciudad estaba consagrado a Anón, el caballo que Neptuno hizo salir de la tierra con un golpe de su tridente; y creo que la moda de rematar las proas en cabezas de caballo, tenga igual proveniencia: siendo seguro en todo caso que los bajos relieves hípicos fueron el ornamento más común de toda aquella arquitectura. El monarca era quien se mostraba más decidido por los corceles, llegando hasta tolerar a los suyos verdaderos crímenes que los volvieron singularmente bravíos; de tal modo que los nombres de Podargos y de Lampón figuraban en fábulas sombrías; pues es del caso decir que los caballos tenían nombres como personas.
Tan amaestrados estaban aquellos animales, que las bridas eran innecesarias, conservándolas únicamente como adornos, muy apreciados desde luego por los mismos caballos. La palabra era el medio usual de comunicación con ellos; y observándose que la libertad favorecía el desarrollo de sus buenas condiciones, dejábanlos todo el tiempo no requerido por la albarda o el arnés en libertad de cruzar a sus anchas las magníficas praderas formadas en el suburbio, a la orilla del Kossínites para su recreo y alimentación.Leer el resto de esta entrada »