A través de la página de Alberto Chimal, escritor mexicano, me enteré de este interesante proyecto. El escritor y editor argentino Sergio Gaut vel Hartman ha creado el sitio quimicamenteimpuro.blogspot.com dónde día a día publica un promedio de 25 minificciones en español (texto entre 40 y 130 palabras incluyendo título y nombre del autor) que le son enviadas por diferentes lectores. La participación está abierta a todo escritor y no tiene fecha límite de cierre. Asómense a este espacio y descubran una gran, gran, gran variedad de cuentos cortos, minificciones, brevísimos, ultra cortos o como se les quiera llamar.
Siempre quise a Paulina. En uno de mis primeros recuerdos, Paulina y yo estamos ocultos en una oscura glorieta de laureles, en un jardín con dos leones de piedra. Paulina me dijo: Me gusta el azul, me gustan las uvas, me gusta el hielo, me gustan las rosas, me gustan los caballos blancos. Yo comprendí que mi felicidad había empezado, porque en esas preferencias podía identificarme con Paulina. Nos parecimos tan milagrosamente que en un libro sobre la final reunión de las almas en el alma del mundo, mi amiga escribió en el margen: Las nuestras ya se reunieron. “Nuestras” en aquel tiempo, significaba la de ella y la mía.
Para explicarme ese parecido argumenté que yo era un apresurado y remoto borrador de Paulina. Recuerdo que anoté en mi cuaderno: Todo poema es un borrador de la Poesía y en cada cosa hay una prefiguración de Dios. Pensé también: En lo que me parezca a Paulina estoy a salvo. Veía (y aún hoy veo) la identificación con Paulina como la mejor posibilidad de mi ser, como el refugio en donde me libraría de mis defectos naturales, de la torpeza, de la negligencia, de la vanidad.
La vida fue una dulce costumbre que nos llevó a esperar, como algo natural y cierto, nuestro futuro matrimonio. Los padres de Paulina, insensibles al prestigio literario prematuramente alcanzado, y perdido, por mí, prometieron dar el consentimiento cuando me doctorara. Muchas veces nosotros imaginábamos un ordenado porvenir, con tiempo suficiente para trabajar, para viajar y para querernos. Lo imaginábamos con tanta vividez que nos persuadíamos de que ya vivíamos juntos.
Hablar de nuestro casamiento no nos inducía a tratarnos como novios. Toda la infancia la pasamos juntos y seguía habiendo entre nosotros una pudorosa amistad de niños. No me atrevía a encarnar el papel de enamorado y a decirle, en tono solemne: Te quiero. Sin embargo, cómo la quería, con qué amor atónito y escrupuloso yo miraba su resplandeciente perfección .
Angustiados corrían los hermanos a través del cerro. Uno de ellos, el más joven y fuerte, cargaba a la abuela en una vieja silla de mimbre atada a su espalda, el otro, quien guiaba el camino, buscaba entre los árboles el sitio que coincidiera con la señal marcada en el mapa (+*+)
Por fin, bajando una vereda junto a la cascada hallaron el lugar. Se acercaron al enorme maguey flanqueado por dos cruces de madera. El hermano mayor apresurado abrió la penca y rascó en su interior con una cuchara hasta sacar gotas de un líquido lechoso. Abriendo con fuerza la mandíbula rígida de la anciana vertieron dicho brebaje; en unos minutos la abuela volvió a ser aquella muchachilla quien regañaba a ese par de grandulones.
*** Texto realizado para el concurso mensual “¿Cuál es la historia?” publicado en el blog deAlberto Chimal, escritor mexicano
Presento un cortometraje clásico, antiguo (1993) del “Nuevo Cine Mexicano”
El Héroe de Luis Carlos Carrera nos narra con un acento muy filosófico, social y psicológico, la soledad, deshumanización y frustración del hombre contemporáneo.
Ha recibido premios como:
- Palma de Oro en el Festival Internacional del Film Cannes, Francia 1994.
- Ariel otorgado en 1994 al mejor cortometraje de animación.
- Mención Especial de la Revista Dicine en la LX Muestra de Cine Mexicano, Guadalajara, México 1994.
- Premio Pitirre en el Festival San Juan Cinemafest, Puerto Rico 1994.
- Primer premio mejor animación en el Festival de La Habana, Cuba, 1994.
Sin duda un cortometraje con un buen guión y una mejor dirección de arte. Que lo disfruten
Suena interesante el “homenaje” que ha rendido el escritor uruguayo Federico Fernández a Edgar Alan Poe, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares en su novela “El Libro de Nobac”, ganadora del Premio Internacional de Ciencia Ficción y Literatura Fantástica de la editorial Minotauro. Interesante pues es un gran, gran reto escribir una historia comparándose de manera indirecta (tal vez no) con aquellos grandes maestros de la literatura fantástica (a mi gusto, Adolfo Bioy Casares uno de los más sobresalientes escritores en este género)
Fernández Giordano. según rueda de prensa por él organizada, ha abordado la literatura fantástica con “los clichés propios” del género pero aderezándola con claves de novela negra para plantear un conflicto entre el determinismo y el libre albedrío, de igual manera ha sido fiel a sus maestros y le ha puesto el nombre de Edgar al protagonista de la novela como un homenaje a Poe y ha bebido de las fuentes de “El libro de la arena” de Borges y de la narrativa de Bioy Casares.
Aún tengo cierta reserva a este libro, no por dudar de la calidad del mismo, sino por la manera en que se está vendiendo a si mismo, como el hijo-homenaje (miedo a que sea copia) de estos tres grandes escritores. En fin, hay que buscarlo en la librería y darle toda la oportunidad que un escritor joven se merece. Esperemos próximamente tener una reseña de este texto.
Abdera, la ciudad tracia del Egeo, que actualmente es Balastra y que no debe ser confundida con su tocaya bética, era célebre por sus caballos.
Descollar en Tracia por sus caballos, no era poco; y ella descollaba hasta ser única. Los habitantes todos tenían a gala la educación de tan noble animal, y esta pasión cultivada a porfía durante largos años, hasta formar parte de las tradiciones fundamentales, había producido efectos maravillosos. Los caballos de Abdera gozaban de fama excepcional, y todas las poblaciones tracias, desde los cicones hasta los bisaltos, eran tributarios en esto de los bistones, pobladores de la mencionada ciudad. Debe añadirse que semejante industria, uniendo el provecho a la satisfacción, ocupaba desde el rey hasta el último ciudadano.
Estas circunstancias habían contribuido también a intimar las relaciones entre el bruto y sus dueños, mucho más de lo que era y es habitual para el resto de las naciones; llegando a considerarse las caballerizas como un ensanche del hogar, y extremándose las naturales exageraciones de toda pasión, hasta admitir caballos en la mesa. Eran verdaderamente notables corceles, pero bestias al fin. Otros dormían en cobertores de biso; algunos pesebres tenían frescos sencillos, pues no pocos veterinarios sostenían el gusto artístico de la raza caballar, y el cementerio equino ostentaba entre pompas burguesas, ciertamente recargadas, dos o tres obras maestras. El templo más hermoso de la ciudad estaba consagrado a Anón, el caballo que Neptuno hizo salir de la tierra con un golpe de su tridente; y creo que la moda de rematar las proas en cabezas de caballo, tenga igual proveniencia: siendo seguro en todo caso que los bajos relieves hípicos fueron el ornamento más común de toda aquella arquitectura. El monarca era quien se mostraba más decidido por los corceles, llegando hasta tolerar a los suyos verdaderos crímenes que los volvieron singularmente bravíos; de tal modo que los nombres de Podargos y de Lampón figuraban en fábulas sombrías; pues es del caso decir que los caballos tenían nombres como personas.
Tan amaestrados estaban aquellos animales, que las bridas eran innecesarias, conservándolas únicamente como adornos, muy apreciados desde luego por los mismos caballos. La palabra era el medio usual de comunicación con ellos; y observándose que la libertad favorecía el desarrollo de sus buenas condiciones, dejábanlos todo el tiempo no requerido por la albarda o el arnés en libertad de cruzar a sus anchas las magníficas praderas formadas en el suburbio, a la orilla del Kossínites para su recreo y alimentación.Leer el resto de esta entrada »
Si bien creo que la historia de Matrix está sobre valorada (esencialmente en la película 2 y 3) la base de su argumento la considero muy poderosa para escribir nuevas historias.
Presento un video extraído de Animatrix, serie de minificciones paralelas al universo Matrix, que a mi gusto, superan con creces a la propia película. Que lo disfruten.
He aquí los amantes que regresan,
afanosos por arrancarse la piel
y por no dejar que se escape entre sus bocas
el aire de aquel cuarto enmudecido.
Las sábanas, alas flores blancas,
vuelan en ventarrones impetuosos.
El cabello de aguas transparentes,
se escurre entre los dedos que intentan atraparlo.
Así, pecho contra pecho,
sueños contra sueños,
los cuerpos se desasen en la noche,
se vuelven mar, se vuelven viento;
renace la pareja enamorada
en aquella tarde lluviosa
de un Junio cualquiera.
Entonces el gigante me puso en una pecera; por suerte no tenía agua pues nunca aprendí a nadar. ¡Por favor señor gigante, déjeme salir! Nada de eso chiquilín, ¡ya verás como vamos a divertirnos! En la mano derecha el gigante tenía una caja de choco krispis del tamaño de un edificio: se echó un puñado a la boca y arrojó otros pocos a la pecera; toma, para que no te mueras de hambre. El gigante me miró con curiosidad, luego sonrió y me cerró un ojo. Al rato regreso, dijo antes de alejarse; voy a buscarte compañía. Me quedé solo con mis miedos. ¿Compañía?, ese gigante estaba demasiado loco, lo mismo podía traer una tarántula, grande como su mano, que una muchacha de mi especie. Recorrí la pecera: medía veinte pasos de largo por doce de ancho y el piso estaba cubierto de piedras de colores. En una esquina encontré el enorme esqueleto de un pez, en otra había un castillo de plástico lleno de moho. Entré al castillo, tuve que agacharme para poder cruzar la puerta. ¿Estaré soñando? ¿Qué demonios hago yo en una pecera? Salí; a un lado del castillo había una tapa de gerber llena de agua. Bebí un poco, aparentemente el agua estaba limpia. Me senté en una piedra y saqué todo lo que traía en las bolsas de mi abrigo: un libro de poesía, un ajedrez electrónico, mi pequeño amuleto contra el mal de ojo. Ninguna cuerda, ninguna cantimplora llena de poción mágica para volar y escaparme así de mi triste destino. Lloré un buen rato. Luego recogí un choco krispis, en mis manos era del tamaño de una baguette. Lo mordí: ¡auch!, demasiado duro. En fin, era preferible eso a morirme de hambre. Llegó la noche y entré al castillo. El frío me calaba hasta los huesos, pero era mayor mi cansancio así que me quedé dormido.
¡Yuju yuuuju!, canturreó el gigante. Abrí los ojos y me puse de pie como impulsado por un resorte: ya era de día. Mira a quién tenemos aquí; el enorme guante de cuero se abrió despacio, en la palma estaba un hombre melenudo y harapiento… ¿Fagus? No podía creerlo: era mi hermano mayor al que creíamos muerto desde hace cuatro años en la guerra de Constantinopla. Fagus fue arrojado al interior de la pecera. Al reconocerme corrió hacia mí y nos abrazamos entre lágrimas y gritos de felicidad. ¡Déjense de cursilerías!, rugió el gigante desde arriba, la fetidez de su aliento casi nos hace vomitar. La situación es la siguiente, dijo el gigante; hoy es lunes, me voy a ir de viaje pero regresaré el próximo domingo. Para entonces, uno de ustedes debe estar muerto. Si los encuentro vivos a los dos, no sólo me los tragaré de un solo bocado, sino que iré a pisotear su ciudad hasta que no quede piedra sobre piedra. El gigante emitió una diabólica carcajada que hizo temblar su barriga como si fuera una gelatina. Luego metió la mano al bolsillo de su chaleco y sacó un dedal, arrojando su contenido a la pecera. Aquí tienen armas para que peleen a muerte. Fagus y yo vimos incrédulos las viejas pistolas del pirata Francis Drake, el martillo de Thor, la espada de Isildur que durante tantas generaciones había estado en el museo de nuestra ciudad. ¡Ejem!, exclamó el gigante; ahora que si lo que quieren es una muerte romántica… Del otro bolsillo sacó un frasco verde, le dio vueltas a la tapa que resultó ser un gotero, y vertió tres gotas de un líquido ambarino en el dedal, colocándolo luego en la pecera. Un solo trago de este veneno provocará una muerte instantánea en cualquiera de ustedes, dijo el gigante. Otra cosa: si se les ocurre la ridícula idea de hacer un pacto suicida y los encuentro muertos a ambos, inundaré de alcohol su ciudad y le prenderé un cerillo. ¡Cómo me voy a divertir viendo a sus congéneres correr chamuscados en todas direcciones! Bueno mis pequeños amigos, espero que la pasen bien en mi ausencia; y el gigante emitió otra terrible carcajada. ¡Ah!, olvidaba darles su comida: tomó la caja de choco krispis y nos arrojó un puñado. ¡Hasta el domingo! Los pasos del gigante se alejaron, haciendo retumbar las paredes transparentes de nuestra cárcel. Leer el resto de esta entrada »
Córtate los párpados y
observa el mundo que duele ver.
Viólate marica,
una, mil,
las veces necesarias.
Mátate y revive,
Arráncate la piel
si no entiendes lo que es “ardor”,
Cósete la boca
si no has visto a nadie morir de hambre.
Enamórate,
apuñálate Romeo.
Juégate la vida en una bala
y sonríele al destino.
Siente todo,
sufre todo,
vive todo.
Tendrás una sensación de extraño entendimiento;
comenzarás a ser libre.
Wow, encontré este video en youtube y no pude más que compartirlo con ustedes. El track se llama “Tank!” y pertenece al soundtrack del anime Cowboy Bebop Disfruten esta exelente pieza de jazz.
Acostado entre olas se dio cuanta que todo valió la pena. Las guerras, las muertes…la sangre derramada en cada costa de aquellos que no quisieron regalar su arena, de aquellos que su condena será nunca ver el gran castillo.
Que dilema el de los erizos
que por sus corazas,
entre mas se aman,
mas daño se hacen.
Pero si he de sufrir,
que no sea por estar alejado de ella,
prefiero el dolor
de arrancarme cada una de mis púas.
Que no crees en la magia me dices,
que no la ves, que no existe.
Que faltan flores y cartas,
tardes lluviosas,
besos robados y cuentos de hadas.
¿Eso es magia?
¿Acaso hace magia aquel que saca las flores del sombrero?
¿Hace magia el que promete las estrellas y no cumple?
Y lastima tal pensamiento,
pues hay dudas y temores
de que llegue el ilusionista
y que con artilugios te robe.
Te vas… siguiendo disfraces,
corres detrás de la flauta,
de los colores y de las nubes.
Olvidas la magia real,
las miradas,
mis manos sin ases bajo la manga,
todas mis cartas,
las vidas pasadas
y los tiempos unidos.
De ser así, idiota Borges y sus puntos de vista concéntricos,
idiota el mundo que creamos viéndolo desde el mismo lugar.
Gracias por el tiempo,
que los haces tiempo y no vacío.
Gracias por tu mano
que acaricia y reconforta,
que sujeta con firmeza
entre gritos y empujones
o en medio de la nada.
Gracias por tus ojos,
por alumbrar los viejos cuartos,
por tu sonrisa
que no pierde la esperanza,
por el abrazo que renueva
y por los beso que da fuerza.
Gracias por las fantasías,
por la inspiración,
por mis sueños
y por dejarme visitarte en los tuyos.
Por tu hombro,
por el viento,
por las calles empedradas,
por la arena
y por el polvo.
Gracias por jugar conmigo,
por querer alcanzar las hojas de los árboles,
por corretearnos en el patio
y asomarnos al estanque,
por levantar aquella piedra
o por esconderte entre la ropa
Gracias por ser la misma sangre,
la misma carne,
la misma piel;
gracias por el hijo inesperado.
Gracias por recordar las promesas,
por regresar,
por buscarme entre las ruinas
y por no olvidarme nunca.
En un mercado de la Ciudad de México una mujer regatea.
-¿Es lo menos en lo que me dejas la caja?
- Si marchanta es lo menos. Le estoy dando un producto artesanal, todas son pintadas a mano. Además ya ve lo escaso que han estado los jíbaros y si le bajo más pues no me sale.
- Bueno… me llevo seis cajas, pero solamente porque no quiero ver mi arbolito de navidad todo pelón ¿Pero si son originales verdad? ¿No me vayas a salir con que son cabezas chinas?
- ¿Qué pasó güerita? Aquí pura calidad.
Eso soy
sólo un borrador tuyo,
sólo la copia y la calca,
un trazo rápido y volátil.
Lo siento en nuestra mirada
y en las expresiones al unísono,
cundo me abrazas
y en las coincidencias que no son.
Soy rayones de tu alma
de tu nombre y de tu ser,
de tu piel
y de tus manos que son como las mías.
Lo soy cuando recuerdo tus vivencias,
al cerrar los ojos
y jugar los mismos juegos,
o cuando en la misma noche veo golondrinas pasar.
Soy el borrador de tus pensamientos,
de tus sueños y temores,
de tus pasos recorridos
y de los que te faltan por andar.
Para NAS con la ilusión de que me esperes al otro lado.
Intento todo para que me sepas tuyo,
lo digo, lo lucho
y nada.
Me entrego, me doy
y simplemente no te convenzo.
¿Qué más pides?
¿Qué mas quieres?
Entiendo que me quieres muerto
muerto para que reviva en tus brazos,
en tus ojos o en tus sueños,
en tus venas o en tu vientre
como el hijo que deseas.
¿Quieres eso? Sólo pide.
Promete que estarás ahí cuando despierte.
Dilo y bienvenido sea el puente,
la vía del tren
o la viga de mi techo;
dilo aunque tenga miedo.
Siempre pensé en la noche serena,
en los ojos cansados de verte
y en las manos saciadas de tocarte.
Pero si esta es la respuesta adelante,
todo pasará
cuando de tu boca se escuche:
yo soy de Alberto
y Alberto es mío…
Dilo amor que se hace tarde,
que ya viene el tren,
el puente crece a cada instante
y la viga se enmohece con el tiempo.
Publicista por vocación y creativo de corazón. Cínico, parrandero y jugador. Desinteresado en las objetos para vivir y apasionado en las acciones que te hacen sentir vivo. Como todo enamorado profundamente deseoso de devorar al amor.