Si hay algo mejor que escribirle a la mujer de la que estoy enamorado… es escribir con la mujer de la que estoy enamorado. A continuación un ejercicio – juego – hecho en un rato de ocio, unidos por algo más que el msn que nos permitió hacer lo siguiente:
Encontrándonos
NAS + Alberto Paz
No dejemos de acariciarnos
ni entre estrellas, ni entre brisas.
Recordémonos sonrientes
jugando con la nieve y con espuma.
Extrañemos el gusto por vivir,
vernos doblar la esquina
y despeinarnos al hacer el amor.
Regresemos como la lluvia a la ventana,
dejándonos reflejar en nuestros ojos
no olvidando a quien nos ama.
Volvamos como la fe que se escapa,
como la voz opaca
que sólo recuerda nuestros nombres.
No olvidemos las promesas
que son huellas de lo que falta
y el más grande pilar de nuestras almas.
Detengamos el cuerpo y demos marcha atrás.
Bebamos el amor que queda en la copa,
desmoronémonos ante él
y regresemos al puerto vacío.
Los besos esperan,
decidámonos y zarpemos,
que no hay mar que se niegue regresar a esta playa de los dos.
Pues de regreso (gracias a ella) a escribir en este espacio.
Muchas cosas han cambiado, espero que todas para bien y una de ellas, la principal, es haber conocido a la que ahora es mi mejor amiga. Mujer de unos ojos enormemente bellos y de un corazón que los opaca. Para que negar lo que siento por ella, con sinceridad le dedico esta canción… a la cosa más bella.
Por hoy un te quiero basta.
Un te quiero me hace tuyo,
me pone en tus sueños
mientras yo escribo esta carta.
Un te quiero dice muchas cosas,
dice te necesito, no te vayas,
agárrame de la mano al caminar,
abrázame, hace frío.
Un te quiero hace sonreír a la gente,
da ilusión de seguir adelante,
llena de esperanza el camino
y el corazón de alegría.
Ahora, un te quiero, te quiero mucho,
es otra cosa,
está a un beso de distancia
de ser el amor verdadero.
Vamos a guardar nuestro amor
en esta cajita,
caja carta, caja letra.
Lugar construido con ramas del parque
y forrado con la sábana celosa
que se negó a recibir algo mas que nuestros cuerpos.
Guardemos todo en esta cajita:
las vidas pasadas, los pétalos rojos,
el agua que nos bañó y aquel anillo azul.
Sellémosla.
Para que no se escurra el amor,
agua fresca y viva,
atémosla fuerte con el aliento que nos une
y pongámosle candado egoísta
que le niegue el paso a toda mirada ajena.
Esta cajita la conservaremos los dos,
tú la colgarás del cielo como estrella
para guiar tus pasos de regreso,
yo abriré mi pecho,
la recargaré en la costilla faltante
para poder seguir viviendo.
Y cuando sientas que es prudente
o mejor dicho necesario,
regresa para que abramos la cajita
y sigamos llenándola de cosas bellas
que podamos seguir atesorando.
He aquí los amantes que regresan,
afanosos por arrancarse la piel
y por no dejar que se escape entre sus bocas
el aire de aquel cuarto enmudecido.
Las sábanas, alas flores blancas,
vuelan en ventarrones impetuosos.
El cabello de aguas transparentes,
se escurre entre los dedos que intentan atraparlo.
Así, pecho contra pecho,
sueños contra sueños,
los cuerpos se desasen en la noche,
se vuelven mar, se vuelven viento;
renace la pareja enamorada
en aquella tarde lluviosa
de un Junio cualquiera.
Que no crees en la magia me dices,
que no la ves, que no existe.
Que faltan flores y cartas,
tardes lluviosas,
besos robados y cuentos de hadas.
¿Eso es magia?
¿Acaso hace magia aquel que saca las flores del sombrero?
¿Hace magia el que promete las estrellas y no cumple?
Y lastima tal pensamiento,
pues hay dudas y temores
de que llegue el ilusionista
y que con artilugios te robe.
Te vas… siguiendo disfraces,
corres detrás de la flauta,
de los colores y de las nubes.
Olvidas la magia real,
las miradas,
mis manos sin ases bajo la manga,
todas mis cartas,
las vidas pasadas
y los tiempos unidos.
De ser así, idiota Borges y sus puntos de vista concéntricos,
idiota el mundo que creamos viéndolo desde el mismo lugar.
Gracias por el tiempo,
que los haces tiempo y no vacío.
Gracias por tu mano
que acaricia y reconforta,
que sujeta con firmeza
entre gritos y empujones
o en medio de la nada.
Gracias por tus ojos,
por alumbrar los viejos cuartos,
por tu sonrisa
que no pierde la esperanza,
por el abrazo que renueva
y por los besos que dan fuerza.
Gracias por las fantasías,
por la inspiración,
por mis sueños
y por dejarme visitarte en los tuyos.
Por tu hombro,
por el viento,
por las calles empedradas,
por la arena
y por el polvo.
Gracias por jugar conmigo,
por querer alcanzar las hojas de los árboles,
por corretearnos en el patio
y asomarnos al estanque,
por levantar aquella piedra
o por esconderte entre la ropa
Gracias por ser la misma sangre,
la misma carne,
la misma piel;
gracias por el hijo inesperado.
Gracias por recordar las promesas,
por regresar,
por buscarme entre las ruinas
y por no olvidarme nunca.
Eso soy
sólo un borrador tuyo,
sólo la copia y la calca,
un trazo rápido y volátil.
Lo siento en nuestra mirada
y en las expresiones al unísono,
cundo me abrazas
y en las coincidencias que no son.
Soy rayones de tu alma
de tu nombre y de tu ser,
de tu piel
y de tus manos que son como las mías.
Lo soy cuando recuerdo tus vivencias,
al cerrar los ojos
y jugar los mismos juegos,
o cuando en la misma noche veo golondrinas pasar.
Soy el borrador de tus pensamientos,
de tus sueños y temores,
de tus pasos recorridos
y de los que te faltan por andar.
Para NAS con la ilusión de que me esperes al otro lado.
Intento todo para que me sepas tuyo,
lo digo, lo lucho
y nada.
Me entrego, me doy
y simplemente no te convenzo.
¿Qué más pides?
¿Qué mas quieres?
Entiendo que me quieres muerto
muerto para que reviva en tus brazos,
en tus ojos o en tus sueños,
en tus venas o en tu vientre
como el hijo que deseas.
¿Quieres eso? Sólo pide.
Promete que estarás ahí cuando despierte.
Dilo y bienvenido sea el puente,
la vía del tren
o la viga de mi techo;
dilo aunque tenga miedo.
Siempre pensé en la noche serena,
en los ojos cansados de verte
y en las manos saciadas de tocarte.
Pero si esta es la respuesta adelante,
todo pasará
cuando de tu boca se escuche:
yo soy de Alberto
y Alberto es mío…
Dilo amor que se hace tarde,
que ya viene el tren,
el puente crece a cada instante
y la viga se enmohece con el tiempo.
Odio las estrellas
por que son como tú,
lejanas,
distantes.
Las odio por su perfume,
y por su mirada,
porque existen y no.
Detesto el espejismo
de la luz que embeleza,
los sueños inalcanzables,
las promesas superfluas.
Pero sobretodo
odio este balcón,
odio esta noche,
y odio no poder dejar de soñarlas.
al verde y al ocre,
a la selva que tiene tu aliento,
a los jaguares que plagian tu mirada,
a las ruinas que algún día vimos nacer,
a las cascadas en las que te bañas.
al calor que te abraza, que te curte
y humedece tu piel, que no soy yo,
a las historias de magia y a los sueños de jade,
a la luna antigua que lame tu cara,
a aquel lugar que te atrapa,
que te come, mastica y escupe
…envidio el lugar donde andas.
¿Qué piensas mujer cuando
no piensas en nosotros?
¿Qué piensas cuando te vas,
cuando flotando te alejas?
¿Qué piensas cuando corro a tomarte de la mano
evitando que escapes,
que te pierdas como el globo de un niño?
¿Qué piensas cuando no piensas en nosotros?
Dime… que yo no sé de eso.
¿Qué piensas?
¿Acaso piensas en lo que pienso?
No, no lo creo. Yo pienso en reclamarte, tu no piensas en eso.
¿Pero es posible reclamar lo conocido, lo aceptado?
¿Cabe reclamarle a las estrellas por ser inalcanzables?
¿Qué piensas amor?
¿Qué piensas cuando tu mirada se va de mi?
¿Qué piensas?
Dame tan solo una pista,
un atisbo que me ayude a encontrarte
en ese momento en que te pierdo.
¿Qué piensas?
Dime… que me muero sin saber tus pensamientos.
Dime, que lo único que conozco es lo que pienso.
Pienso en ti, en mi mujer distante, en mi mujer flotante, en mi mujer de lejos…
¿Qué piensas?
No, el amor no es etéreo,
no hay viajes por los cielos,
no hay sutil vuelo,
el amor es pesado, muy pesado,
es un anclaje terrestre
que no te deja otra cosa hacer,
mas que eso…amar.
No, el amor no es ser libre,
es permanecer preso a alguien,
venerar a otro ser
y por extraño que resulte
negarse a escapar,
vivir amando ataduras
y entre esos brazos desear morir.
No, el amor no es comprensión,
es también sentir ardor
y en forzada mudez callarlo,
es tener celos del recuerdo
que como bruma esta presente,
pensar que lo invocas al nombrarle
y que en ese lapso me desplazas.
No, el amor no es estar contento,
es permanecer en llanto nocturno,
desaliento cuando estás lejos
y terror al pensar que me dejas solo,
que no halla alguien a quien escribirle,
que los “te amo” se terminen;
el amor es llorar, también llorar.
En espera,
bajo aquella sombra
de la cruz en que quedamos,
observando al carretero de las flores
que colorida estela deja
simulando el aroma del encanto.
En espera,
deseando que presurosa salgas
de la esquina que te esconde,
que sorteando automóviles
camines sobre el agua
con aquel flotante paso.
En espera,
mientras tu cabello peinas
frente al espejo confidente,
apresurada como siempre
corres por tu morada
recordando los objetos olvidados.
En espera,
ansioso de la caricia
y del beso que revive,
que con eso mimos dulces
dejemos atrás la realidad
y que a nuestro sueño regresemos.
En espera,
sin que importe aguardar
el tiempo que solicites
me tendrás aquí de pie;
no afectan unos minutos más
si toda la vida te he esperado.
…se abre profundo abismo,
caer del bello sueño
por el arrebato de tus palabras.
Sentimientos encontrados,
miradas confusas en el espejo,
miedo de ser y no ser,
de no ser, de no encontrarme,
de no volver a mirar tus ojos,
de quedarme ciego.
Esperar algún mensaje
la paloma, el móvil, lo que sea,
cualquier medio que me indique
que del otro lado gritas,
“vuelve, vuelve,
no fue mas que el arrojo,
la pasión azul de la mujer”
Escribir,
soñar que con letras te llamo,
que con cada palabra
dirigida en esta carta
recuerdas un suceso bello;
la suavidad de las manos,
el descaro en el cine,
la sonrisa espontánea.
Y ansió ser el viento
que te sacuda por la mañana
¡Despierta al sueño mujer amada!
comprende la dicha que tenemos,
de poder estar juntos
y ver todo desde el mismo punto.
Simplemente, no te vayas.